miércoles, 16 de septiembre de 2015

De Cantabria a Zaragoza y media vuelta

Los jueves es noche de "juepincho" en Zaragoza, pero nunca fuimos. Para ella era noche de zumba. Llegaba tarde a casa y ya no daba tiempo de ir a los bares. Se convirtió en la noche de Gran Hermano, esa en la que me contaba sus suposiciones sobre quien iba a irse esa noche expulsado/a y yo gritaba "spolier" por el largo pasillo de casa.
El lunes a salsa, el martes y el jueves a zumba y el miércoles chino y el viernes guitarra. Al principio me tumbaba en el sofá a verle tocar. A mi me gusta como toca y a ella le ponía nerviosa tocar delante de mi. Me lo perdonaba todo. Le acompañaba al bus todos los viernes que podía, lo mismo que al coche cuando se iba a su casa. "Cuando llegues avísame, por favor" Y lo hacía. Que se pasó rápido y fue duro aquel febrero? Si, por supuesto. Pero fue una de esas personas que quedan para siempre a tu lado, de una u otra manera.
Fue a una de las pocas personas a las que le confié mi secreto más íntimo y personal, y sin dolor, no sé cómo pero sucedió así. Tras una larga conversación un domingo por una zona del parque grande y mucho pensar si debería hacerlo lo hablamos la tarde siguiente. Sin lloros, sin ponerme nerviosa, sin dolor. Mucho me costó decidirme a hacerlo, por mi y por su gran empatía hacia los problemas de la gente, pero lo hice, sabía que debía hacerlo con ella.
Fue para mi como una hermana en el tiempo que estuvimos juntas y a día de hoy lo sigue siendo. La distancia dolió, y no poco, muchos lloros tiempo antes de irse, cuando ya me lo veía encima, y lloros después, de no tenerla tan cerca. Mucho me costó hacerme a la idea, pero nunca nos abandonamos. Eso es por lo que hoy estoy tan feliz.
Sus clases de inglés, mis recomendaciones cinematográficas y seriéfilas, las sesiones de reguetton a todo volumen, sus grandes consejos de auténtica psicóloga, mis ganas de estar siempre con ella, nuestras grandes cenas, las veces que hacíamos de Marco y el mono cuando la acompañaba a los sitios, nuestras noches por el royo con todo lo que pasaba, los días juntas en pilares, los planes con los jabones artesanales, todo lo que tuvo que aguantarme aquellos meses de lloros y desilusión, las mini lecciones de audiencias que le daba con los programas y las series, lo difícil que era ponernos de acuerdo en temas de gustos, las sesiones de cocina... Hay tanto que no quiero poner un "y" final por si me dejo algo.
Me gustaría tener largas e interesantes conversaciones con ella de las que sé que aprendería mucho, y ojalá pudiera aportarle mucho yo a ella.
Ahora, después de este extraño verano en casa, de salir de esa casa, de seguir en contacto con quien me importó dentro de ella, viene, viene a Zaragoza. De paso, pero viene a verme. Hace parada por ver a su "peke" como me llama todavía, mi "tata" como aún le digo yo.
Viene a mi casa, se quedará conmigo 2 noches y saldremos, veremos como tantas otras veces Zaragoza de noche.
Las ganas que tengo de verla y darle un abrazo no se las imagina ni ella.
Tengo ganas de jueves, porque esta vez, aunque no vayamos al juepincho tampoco tendrá zumba, estaremos juntas.