miércoles, 3 de junio de 2015

Volvió ella, volví yo, volvimos las dos


Lo mejor que he hecho, hasta este momento, en este año ha sido luchar y conseguir que volviera a mi vida.
Sé que no ha sido fácil, ni por mi parte ni por la suya, que ha costado mucho esfuerzo y mucho sacrificio.
Han sido muchos años de luchar contra mi propio yo para que volviese a estar a su lado, pero por fin, aunque haya pasado mucho tiempo, me alegro de la situación actual. Ahora, por fin, otra vez, puedo volver a decir, como digo alguna vez, que es mi amiga, una amiga de casi toda la vida.
Ella ya jugaba conmigo en el parque al que íbamos y nos juntábamos cuando éramos pequeñas, pasamos parte de la adolescencia juntas y lo mismo con nuestra juventud. Sentí una enorme pérdida cuando nos separamos, aunque no siempre lo hacía saber así. La vida nos separó demasiado y la cabeza todavía más, pero cuando llegó el momento, parece que sin hablar mucho supimos lo que había que hacer.
La alegría que me llena por dentro cuando lo pienso, cuando estamos juntas y parece que el tiempo no haya pasado, cuando recuerdo lo que ha pasado en ese momento juntas... Eso es la recompensa de todo lo sufrido, todo lo malo pasado. Es la alegría de volver a ser lo que fuimos. Mi hermana, mi amiga, mi sufridora de mis males y aliento en mis oportunidades, quien siempre era capaz de sacarme una sonrisa y a veces de mis casillas. Lo normal de una amistad tan sincera y verdadera como aquella.
Quien confió en mi cuando yo no lo hacía y me sacó de demasiados apuros. No todo era tan sencillo, por más que lo parezca, y no juzgo nada de lo ocurrido. Todavía hay cosas en la actualidad a ratos que me cuesta entender, pero estoy contenta. Cuando le abrí mi Facebook entendí, que de verdad quería recuperarla, le estaba abriendo mi vida de ahora, con mis amistades y mis cosas, pero ahora tengo que aceptar que de la misma manera me abrió la suya, para bien.
Sinceramente, como los monólogos, con la misma estructura, recuperar esta preciosa amistad es lo mejor que he hecho en este 2015.

La vida pasaba lentamente

Allí estaba, sentada en el borde del terreno, viendo la puesta de sol que dejaba enamorarse a esas horas en ese terreno.
Disfrutaba viviendo en ese barrio. Mis amigos, mis rutinas, mis pequeños cigarros de vez en cuando, las mismas bromas, pero a la vez era eso. La misma gente de siempre con quien había crecido en los años fructíferos y gloriosos de la vida, esos en los que por fin crees que has encontrado tu camino, el que estabas buscando. El mismo descampado de siempre, los mismos temas de conversación, los mismos lugares a los que acudir. La vida se empezó a volver monótona. He de reconocer que ellas 2, él, y alguno más en muy escasas ocasiones hacían que me sintiese feliz, enormemente feliz. Pero había algo que no me convencía.
Las peleas se hicieron constantes, a esas edades, entre los 16 y 23 era normal que se discutiera. Se convirtió en ocasiones en un todos contra todos, quien no corría volaba en eso del arte de criticar al personal por delante y por detrás.
Recuerdo aquella época como una de las más especiales de mi vida, si no la que más. Más de una vez lo he dicho. Disfrutaba y sonreía a la vida con aquellas a quienes consideraba mis amigas, y alguna en especial, mi hermana. Pero nadie estaba exento de pactos extraños si se consideraban más beneficios que tu compañía. Por eso, supongo, que me duele tanto que aquellos locos, como nos autodenominábamos, se separaran tan de repente. No quedan ni siquiera las cenizas de todo lo que fueron juntos, de los grandes en nuestra pequeña familia que fuimos. Me duele hablar de la época, querer hacer imposibles por volver a lo de siempre, y ver que ha pasado el tiempo, hemos vivido cosas muy diferentes, hemos tomado caminos opuestos, algunos demasiado largos, como para volver a nuestra particular locura. Aunque no con todos se han roto esos lazos.
Necesitaba salir del barrio, pero no que toda mi gente saliera de mi vida. Lo que hicimos es muy sencillo, agarrar en nuestras vidas a quien nunca quisimos perder y aferrarse a recuperar lo que nunca debimos perder. Por eso creo que la vida, en aquel barrio, pasaba lentamente.

 
Yo, sin embargo, sigo sufriendo a veces por aquello, aunque se me vea reír. Por eso creo que en aquel barrio, con aquellas compañías, la vida pasaba lentamente. Hoy el tiempo corre más, nos hemos hecho mayores, hemos cambiado demasiado. Pero ocasionalmente, me encantaría volver a "sufrir" con los mismos locos la misma locura de entonces.