Ayer disfruté como hacía tiempo que no me pasaba. Supongo que tuve una jornada laboral como la que tiene un trabajador de televisión, un cámara y un iluminador, para ser exactos, y de cualquier televisión, ya saben los que me conocen que en eso no exijo mucho.
Por la mañana hice de técnico de luces, que no me gusta, pero estuve receptiva a todo lo que hice y por la tarde de cámara, la principal, la del prompter. A pesar de haberme levantado a las 7 de la mñana, de haber dormido mal, de tener varias preocupaciones en la cabeza, de pincharme un poco con un alambre y de quedarme en tensión hasta llegar al calambre durante la grabacion disfruté del día.
Teníamos ensayo general del programa final, que se grabará la semana que viene y aunque nos faltaba un segundo colaborador y el entrevistado y no pudimos ensayar todas las partes, salió bastante bien. Además, aprobamos con muy buena nota el programa anterior, el informativo que tanto nos costó sacar y tanto fallo tenía.
Volví a casa en el bus relajada y contenta, a parte también, por la conversación tan enriquecedora que había tenido con una compañera durante la comida. Me dejeé caer sobre el asiento del bus con sensación de relax y les mandé un mensaje a mi madre y mi mejor amiga con la nota. Necesitaba contárselo.
Cansada pero contenta, llegué a casa, me duché para quitarme el calor y el olor a "técnico todo el día trabajando" y me fui a cenar y al cine con mi compañera de piso. Película buena o no, al salir del cine fuimos directas a casa. Se me apoderó el cansancio por el camino y nada más llegar me fui a dormir. Ahora, hoy, me he dado cuenta de lo feliz que fui ayer.
Me gustaría, aunque no sé si para toda la vida, sí para muchos años, llevar una vida como el
día de ayer. Sé que así sería feliz, aunque no siempre saliesen las
cosas bien.


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