El pasado siempre llama a la puerta. De vez en cuando nos acordamos de lo que fuimos, de lo que hicimos, de lo que quisimos ser o hacer, de con quién andábamos en otros tiempos... Aunque nos guste o no, todos, todos, tenemos un pasado con algo que no nos gustría tener en nuestro expediente. No sé si es bueno o malo acordarse tanto en ocasiones de algo concreto, tanto si es bueno o malo, o si solo nos acordamos de lo malo, por lo mal que lo pasamos, aunque no nos arrepintamos de lo que hicimos en ese momento. No sé, la verdad, si sirve de algo recordar tanto. Por supuesto que me siento orgullosa de todo lo que he hecho y me ha pasado, porque sin eso no habría llegado hasta donde he llegado actualmente. Siempre se dice que el camino de la vida lo ahces poco a poco, y tus actos te llevan hasta donde te sitúas ahora, y es cierto. Pase lo que pase, siempre aprendes, para bien o para mal. Puedes aprender lo que no debes hacer o lo que sí debes hacer, para ser feliz, para vivir intensamente...
Sí, yo soy partidaria del todo vale si se sabe hacer con un mínimo de control. Las experiencias son muy personales, aunque sean parecidas.
Yo quise en varias ocasiones salirme de mi pasado, cortar y volver a empezar, y sí es cierto que en ocasiones lo conseguí, pero otras me persiguen.
Yo no sé si será bueno o no, pero el fantasma del pasado vuelve, hay que aceptarlo. Pero tenemos que ser conscientes que si hicimos eso o aquello, y ahora tiene poca relevancia en nuestras vidas en el momento presente hay que aceptarlo y no mirar la vista atrás, y si por el contrario tiene mucha relevancia: mirar, saludar, sonreír, y recordar, que si una vez lo pudimos conseguir se puede conseguir otra más; basta con recordar cómo se hizo para recuperar esa sensación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario